Editorial

[Editorial]
DOI: 10.37980/im.journal.revcog.20211810
Publicado
2021-10-17

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Autores/as

  • Osvaldo Reyes Editor en Jefe

Palabras clave:

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Keywords:

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Resumen

La pandemia tuvo un impacto innegable en todos los niveles de nuestra vida, pero sus efectos perdurarán mucho más allá del esperado fin de la misma. La llegada del SARS-CoV2 impulsó un cambio en el modo de hacer medicina, empujándolo hacia la transformación y adaptación digital a una velocidad que nadie tenía planeado. Lo que debió tomar años se convirtió en una carrera de semanas o días y sus consecuencias serán motivo de estudio y análisis en el futuro por venir.

Tomemos, por ejemplo, qué hace el paciente promedio cuando tiene un problema de salud. En la última década la atención a nivel hospitalario se elevó un 30%. En lugar de buscar ayuda en el nivel primario, no era raro que el paciente acudiera al cuarto de urgencia de un hospital para encontrar la solución de sus dolencias, sobrecargando un sistema ya saturado. Eso, sin tomar en cuenta, que estamos enfocados en solucionar el problema, en lugar de prevenirlo. Con la llegada de la pandemia, el acudir al hospital se redujo notablemente, por el miedo al contagio entre muchas otras razones. La atención cambió a un modo virtual, la prevención tomó preponderancia y los hospitales regresaron a la función para la cual fueron diseñados. La atención de pacientes complicados que ameritan los servicios de un segundo, tercer o cuarto nivel.

Si este cambio será algo permanente o una respuesta temporal a una situación puntual, queda por ver. Esperemos que los gobiernos aprovechen la coyuntura generada por una situación insospechada, para promover las agendas que beneficien en mayor medida a la población. Estos proyectos a corto y largo plazo deben enfocarse, no solo en la atención de salud, sino en todos los niveles. La educación médica, aprovechando el auge de las nuevas plataformas virtuales, y la investigación son solo unas de las tantas áreas abandonadas o relegadas a segundo plano y que la situación vivida nos ha llevado a considerar bajo un nuevo prisma. El de aceptar, como en el caso de la atención primaria, que la clave está en prevenir y no en tratar cundo ya el problema toca a nuestras puertas.


Abstract

The pandemic had an undeniable impact on all levels of our lives, but its effects will linger far beyond its expected end. The arrival of SARS-CoV2 prompted a change in the way medicine is done, pushing it toward digital transformation and adaptation at a speed that no one had planned. What should have taken years became a race of weeks or days, and its consequences will be cause for study and analysis in the future to come.
Take, for example, what the average patient does when he or she has a health problem. In the last decade, care at the hospital level has increased by 30%. Instead of seeking help at the primary level, it was not uncommon for patients to go to the emergency room of a hospital to find a solution to their ailments, overloading an already saturated system. This, without taking into account that we are focused on solving the problem, instead of preventing it. With the arrival of the pandemic, going to the hospital was significantly reduced, due to the fear of contagion among many other reasons. Care shifted to a virtual mode, prevention took precedence and hospitals returned to the function for which they were designed. The care of complicated patients who require the services of a second, third or fourth level.
Whether this change will be permanent or a temporary response to a specific situation remains to be seen. Let us hope that governments take advantage of the situation generated by an unsuspected situation to promote agendas that will benefit the population to a greater extent. These short- and long-term projects should focus not only on health care, but on all levels. Medical education, taking advantage of the boom in new virtual platforms, and research are just some of the many areas that have been abandoned or relegated to the background and that the situation we have experienced has led us to consider under a new prism. That of accepting, as in the case of primary care, that the key is to prevent and not to treat when the problem is already knocking on our doors.